
¿Y porqué? pues muy fácil. A los cinco años descubrí que los restos de lo que soñábamos por la noche se quedaban enganchados en las púas del peine.
Así que me dije nunca mas, mis sueños vienen conmigo.
David es el autor de esta ilustración y tiene un blog muy interesante con el que me he tropezado hoy, precisamente gracias a los kodamas. Echadle un vistazo merece la pena.
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